EL BAILE DEL CONDE DE ORGEL

EL BAILE DEL CONDE DE ORGEL

Editorial:
ESPUELA DE PLATA EDITORIAL
Año de edición:
Materia
Narrativa
ISBN:
978-84-96133-68-6
Páginas:
204
Encuadernación:
Bolsillo
8,00 €
IVA incluido
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Raymond Radiguet (Saint Maur, 1903-París, 1923) dejó una obra de teatro, un puñado de poemas, tres cuentos y dos novelas. Obra escasa bajo el punto de vista de la historia de la literatura, que suele gustar de la insistencia y el grosor (como si lo más valioso en unas obras completas fuera su peso) pero que no deja de ser sorprendente si se atiende a que murió apenas con veinte años y, sobre todo, a su excelente calidad y a su verdadera e inverosímil madurez, tan apartada de eso que suele llamarse ?niño prodigio?. El mismo Radiguet reflexionó sobre este asunto de la edad del artista con retadora y lúcida seguridad: "Ciertamente existen los niños prodigio, como hay hombres prodigio. Éstos son raramente los mismos. La edad no es nada. Es la obra de Rimbaud, y no la edad en que la escribió, lo que me sorprende. Todos los grandes poetas han escrito a los diecisiete años. Los más grandes son aquellos que logran hacerlo olvidar". Su obra más conocida es El diablo en el cuerpo (1923), novela sobre los amores de un adolescente y la mujer de un soldado en el frente durante la I Guerra Mundial, que causó cierto escándalo en su tiempo y fue llevada con éxito al cine. Pero quizás su obra maestra (?obra cumplida? la llama su amigo y mentor Jean Cocteau en el prólogo epitafio a la primera edición) sea El baile del conde de Orgel (1924), aparecida póstumamente. El baile del conde de Orgel, ?novela de amor casto, tan escabrosa como la novela menos casta?, en palabras del propio Radiguet, es en realidad un prodigio de penetración psicológica, empeño no demasiado distante, aunque de más reducidas dimensiones, del de Marcel Proust y su En busca del tiempo perdido. El baile del conde de Orgel, a pesar de su interés, hacía tiempo que no estaba a disposición de los lectores españoles por lo que la presente edición no hace sino restaurar una injusticia, aunque sea una injusticia muy literaria.